Durante milenios, los seres humanos han aprovechado el poder de la respiración para mejorar su cuerpo y su mente. Culturas y sociedades de todos los rincones del mundo comprendieron y apreciaron en cierta medida los efectos beneficiosos que la respiración puede tener en la regulación de nuestro bienestar emocional y físico. A pesar de estar separadas por continentes y océanos, los antiguos griegos, chinos, indios y otras importantes culturas de la humanidad veneraban la respiración como manifestación última de la vida y la consideraban el mecanismo fundamental para sanar la mente y el cuerpo.
A pesar de que durante miles de años se han explorado los efectos de la respiración y se han utilizado sus poderes para mejorar la salud mental y física, el arte de respirar se perdió en gran medida en los tiempos modernos. Esto fue consecuencia de la marginación general de casi todos los procesos curativos naturales por la obsesión de la medicina occidental con la intervención farmacológica.
Sin embargo, el renovado interés por la medicina alternativa, junto con una reorientación de la atención de la comunidad científica hacia la respiración, ha aumentado nuestra comprensión de la respiración y nos ha permitido apreciar su papel fundamental en la regulación de la respiración. casi todos los aspectos fundamentales de la fisiología humana. Una de ellas es la salud mental y nuestro estado emocional. Este artículo pretende explorar la intrincada relación entre la respiración y la salud mental y diseccionar el mecanismo biológico a través del cual nuestra mente, nuestro sistema nervioso y nuestros pulmones están conectados.
Como primer paso, conozcamos los biomarcadores fundamentales que caracterizan la salud de nuestro proceso respiratorio. Se trata de
- CO2 al final de la marea: La cantidad de dióxido de carbono que exhalamos,
- Volumen corriente: El volumen de aire que exhalamos
- Frecuencia respiratoria: El número de respiraciones que realizamos por minuto.
Estos biomarcadores reflejan nuestra salud respiratoria porque constituyen los mecanismos básicos por los que la respiración afecta a casi todos los procesos de nuestro organismo, incluido nuestro estado mental y emocional. Para entender este proceso, examinemos, paso a paso, la secuencia de acontecimientos que se producen cuando experimentamos estrés.
Cómo funciona la conexión pulmón-cerebro
Paso 1.
El estrés se percibe a través de nuestro cerebro tras activarse uno o varios de nuestros sistemas sensoriales (por ejemplo, la vista).
Segundo paso.
La excitación de nuestro cerebro activa nuestro Sistema Nervioso Autónomo (SNA). El SNA se divide en dos partes, el Sistema Nervioso Simpático (SNS) y Sistema Nervioso Parasimpático (PNS). El SNS nos hace entrar en modo "lucha o huida", activando todos los mecanismos necesarios para el movimiento, la conservación y la reacción rápida. El SNP, por el contrario, provoca sensaciones de relajación y nos permite recuperarnos, digerir y sanar. El estrés psicológico activa casi inmediatamente el SNS y desactiva parcialmente el PNS.
Tercer paso.
Nuestro cerebro está conectado a nuestros pulmones y otros órganos críticos a través del nervio vago, un conducto principal responsable de muchos de los procesos psicosomáticos de nuestro cuerpo o de la interacción entre las emociones y los síntomas físicos. El nervio vago contribuye a formar el eje cerebro-pulmón. Concretamente, el SNS está conectado con la parte superior, mientras que el PNS lo está con la parte inferior de los pulmones. Debido a la anatomía de la conexión entre los pulmones, el SNS y el PNS, cuando se produce estrés psicológico, lo que activa el SNS y desactiva parcialmente el PNS, respiramos más rápido y superficialmente. Por el contrario, cuando respiramos deliberadamente de forma más profunda y lenta, podemos activar el SNP gracias a su conexión con la parte inferior de los pulmones y permitir así sensaciones de relajación.
Paso 4.
Debido al aumento de la frecuencia respiratoria, la cantidad de aire exhalado aumenta junto con la cantidad de dióxido de carbono (CO2) expulsado por el organismo. A medida que sale más CO2 del cuerpo, disminuye el CO2 circulante en la sangre, lo que provoca una cascada de efectos adversos, ya que es responsable de dos funciones biológicas críticas. En primer lugar, el CO2 permite que las moléculas de oxígeno se desprendan de la hemoglobina (la sustancia de la sangre encargada de transportar el oxígeno desde los pulmones por todo el cuerpo) y entren en las células que las necesitan para producir energía. En segundo lugar, el CO2 regula la estrechez o anchura de las arterias y la cantidad de sangre que circula por el cuerpo. En consecuencia, un la reducción de los niveles de CO2 en la sangre provocará una conexión más estrecha entre las moléculas de oxígeno y la hemoglobinaLas arterias se estrechan y disminuye el suministro de sangre a las células. el cerebro y en todo el cuerpo.
Paso 5.
Nuestro cerebro comprende la naturaleza crítica del CO2 para nuestra fisiología e intentará compensar sus cambios. Para conseguirlo, nuestro cerebro está dotado de un sistema sensorial que detecta las variaciones en las concentraciones de CO2 y envía señales a nuestros pulmones para que modifiquen la frecuencia respiratoria en consecuencia.
Paso 6.
Cuando el estrés se vuelve constante, los pasos 1-5 se vuelven casi permanentes, lo que provoca que la respiración sea más rápida y los niveles de CO2 más bajos constantemente. Después de años de exposición a este estado, el sistema sensorial de CO2 de nuestro cerebro se acostumbra a niveles más bajos de CO2 en sangre y a una respiración más rápida, una condición también conocida como Síndrome de Hiperventilación Crónica (CHS). Como se ha descrito anteriormente, los niveles más bajos de CO2 en sangre reducen el aporte de oxígeno a todas las células y al cerebro. Una oxigenación cerebral insuficiente reduce la capacidad cognitiva y la claridad mental y aumenta la probabilidad de sufrir trastornos mentales.
Paso 7.
Un estado constante de respiración rápida y superficial (es decir, respiración torácica) activará el SNS, la parte de "lucha o huida" de nuestro sistema nervioso, ya que el SNS está conectado a la parte superior de los pulmones.
La infografía siguiente ofrece una representación visual de estos pasos. 
La respiración: Una salida al estrés crónico
Como se describe en los pasos 1-7, nuestro El mecanismo de respuesta al estrés, el sistema nervioso, el cerebro y los pulmones están muy interconectados, y el estrés crónico pueden sumirlos en un círculo vicioso autoalimentado. En pocas palabras, el estrés hace que nuestra respiración se vuelva poco saludable, mientras que la respiración poco saludable puede causar o promover aún más la ansiedad psicológica o trastorno mental.
Basándonos en los pasos 1-7, resulta evidente que la respiración se sitúa en el núcleo de la regulación de nuestro cerebro y sistema nervioso. Por suerte, la respiración es la única función fisiológica básica que podemos controlar. Gracias a la conexión bilateral cerebro-pulmón, los cambios en la respiración pueden modificar el funcionamiento de nuestro cerebro y nuestro sistema nervioso. En otras palabras, los cambios deliberados en nuestros patrones respiratorios, un proceso al que muchos también se refieren como trabajo respiratorio, puede inducir efectos positivos en nuestro cerebro y sistema nervioso y, por tanto, ofrecer una solución viable al estrés crónico.
El trabajo respiratorio tiene muchas formas; cada una de ellas se dirige a una parte diferente de nuestro aparato respiratorio. El siguiente gráfico ofrece una visión general de las técnicas de respiración más populares, clasificadas en función del elemento de nuestro sistema respiratorio al que afectan en mayor medida.

Conclusión
Nuestro cerebro, sistema nervioso y pulmones están conectados en una intrincada relación que puede provocar un círculo virtuoso o vicioso para nuestra salud mental. En otras palabras, la respiración puede ser el obstáculo o el facilitador de la salud mental. Comprender si tu respiración está afectando positiva o negativamente a tus niveles de estrés y a tu estado psicosomático es el primer paso para aprovechar el poder de la respiración y lograr una mejor calidad de vida. Independientemente de la calidad de tu respiración, el trabajo respiratorio y la manipulación deliberada de tu respiración pueden ser una fuente de mejora de tu estado mental y un hábito que puede mejorar tu vida.
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