Puntos clave
- Nuestra comprensión actual de los trastornos mentales es muy limitada, ya que no disponemos de medidas biológicas ampliamente aceptadas para diagnosticarlos, mientras que nuestro tratamiento se centra en mitigar los síntomas.
- El metabolismo es muy prometedor como modelo universal para explicar la aparición y progresión de los trastornos mentales.
- El modelo de salud mental basado en el metabolismo abre la posibilidad de que la dieta y el ejercicio sean poderosas curas contra la epidemia de salud mental.
Introducción
La salud mental es considerada por muchos expertos médicos la epidemia más grave de la sociedad actual. Su carácter distractivo radica tanto en el deterioro psicológico que provoca como en las comorbilidades fisiológicas que desencadena. Casi todas las enfermedades fisiológicas crónicas debilitantes, incluidas las enfermedades metabólicas, cardiovasculares y neurodegenerativas, están estrechamente correlacionadas con los trastornos mentales. A pesar de su prevalencia, la salud mental es posiblemente la enfermedad menos conocida, lo que dificulta el consenso en torno a su diagnóstico y tratamiento. Recientemente ha salido a la luz una teoría de hace décadas que correlaciona el metabolismo y los trastornos mentales, lo que ha suscitado una renovada atención y promete un diagnóstico y un tratamiento deterministas. En esta serie de tres artículos, exploramos el vínculo entre los trastornos mentales y el metabolismo, revisamos las deficiencias de nuestra comprensión actual de la salud mental y debatimos el papel potencialmente transformador que pueden tener la dieta y el ejercicio.
¿Síndrome o afección? Una diferencia que revela nuestra limitada comprensión de la salud mental
A pesar de su prevalencia y propagación explosiva, los trastornos mentales se comprenden mal. La escasa comprensión de los trastornos mentales por parte de la medicina moderna se refleja en el hecho de que se diagnostican y tratan como síndromes, no como afecciones. La diferencia entre ambos es fundamental, así que entendámosla.
En medicina, una afección se refiere a cualquier problema de salud o anomalía en el organismo que puede identificarse y diagnosticarse mediante biomarcadores específicos, también conocidos como signos (por ejemplo, VO2máx por debajo de un determinado umbral o glucemia en ayunas por encima de un nivel concreto). Por ejemplo, la diabetes se define como una afección en la que la glucemia en ayunas se mantiene elevada por encima de 120 mg/dL. Por otro lado, un síndrome se describe como un conjunto de síntomas que suelen presentarse juntos y que sugieren una causa o enfermedad subyacente específica, pero que no tienen un conjunto concreto de biomarcadores u observaciones que definan de forma determinista su presencia. Una afección médica específica, una mutación genética o una exposición ambiental pueden causar un síndrome.
En psiquiatría, los trastornos mentales suelen diagnosticarse y tratarse como síndromes basados en la presencia de un conjunto específico de síntomas, no de signos. Un signo es un indicador objetivo de una enfermedad que otra persona puede observar o medir, como una convulsión, una medición de la tensión arterial, un valor de laboratorio o una anomalía observada en un escáner cerebral. Por otro lado, un síntoma es una experiencia subjetiva que el paciente debe comunicar, como estados de ánimo, pensamientos, experiencias de dolor o entumecimiento, o alteraciones del sueño. En psiquiatría, la mayoría de los diagnósticos se basan en síntomas más que en signos. La mayoría de los trastornos mentales se diagnostican basándose en un grupo de síntomas que suelen aparecer juntos, lo que se conoce como síndrome. Actualmente no existen pruebas de laboratorio, escáneres cerebrales u otras medidas objetivas que puedan diagnosticar con precisión un trastorno mental.
Nuestro enfoque monofacético de los síntomas y la falta de comprensión de la patología subyacente de la salud mental también se pone de manifiesto en la forma en que abordamos el tratamiento farmacológico de los trastornos mentales. Los trastornos psiquiátricos más comunes, como la depresión, la depresión mayor, la ansiedad y el trastorno bipolar, suelen tratarse con la misma clase de medicación. En última instancia, lo anterior pone de relieve el hecho de que nuestro enfoque hacia los trastornos psiquiátricos se centra exclusivamente en los síntomas e implica nuestra ignorancia de su causa real.
Metabolismo y salud mental
El metabolismo puede ofrecer una salida a nuestra falta de comprensión de la patología subyacente de los trastornos mentales. El mecanismo propuesto que vincula metabolismo y salud mental es complejo y está interconectado, pero puede resumirse en que los trastornos mentales son trastornos metabólicos del cerebro. Los problemas metabólicos, que pueden derivarse de factores como la dieta, el ejercicio, el sueño, el estrés y la predisposición genética, pueden afectar directamente a los niveles de neurotransmisores y hormonas, al estrés oxidativo, a la inflamación y a la función del sistema inmunitario en el cerebro. Esto puede provocar diversos trastornos mentales como ansiedad, depresión, trastorno bipolar, esquizofrenia, etc. Para tratar estos trastornos, las intervenciones dirigidas a los metabolismos, como los cambios en la dieta y el estilo de vida, los medicamentos y la terapia, pueden restablecer eficazmente el equilibrio de los procesos metabólicos del cerebro.
Sin embargo, para entender qué son los trastornos metabólicos y su relación con las disfunciones cerebrales, primero debemos comprender el orgánulo fundamental que desempeña el papel más crítico en nuestra actividad metabólica, las mitocondrias. Las mitocondrias son orgánulos que se encuentran en las células eucariotas, incluidos los seres humanos. A menudo se hace referencia a ellas como las "centrales eléctricas" de la célula porque producen energía en forma de trifosfato de adenosina (ATP) a través de la fosforilación oxidativa. Además de producir energía, las mitocondrias desempeñan otros papeles vitales en la función celular, como la regulación de la señalización del calcio, la producción de especies reactivas del oxígeno (ROS) y la localización de vías biosintéticas específicas. Las mitocondrias también tienen su propio ADN (ADNmt), independiente del ADN nuclear de la célula, que codifica genes esenciales para la función mitocondrial.
La disfunción mitocondrial puede provocar diversos problemas en la función cerebral, como la disminución de la producción de energía, el aumento del estrés oxidativo y el deterioro de la señalización de los neurotransmisores. Las disfunciones mitocondriales específicas que se han relacionado con trastornos cerebrales incluyen:
- Deterioro de la función respiratoria mitocondrial: Esto puede provocar una disminución de la producción de ATP y un deterioro del metabolismo energético, lo que puede contribuir a trastornos neurológicos y psiquiátricos.
- Mutaciones del ADN mitocondrial: Las mutaciones en el ADN mitocondrial pueden deteriorar la función mitocondrial, lo que provoca una disminución de la producción de energía y estrés oxidativo.
- Morfología mitocondrial anormal: La alteración de la forma y distribución mitocondrial puede perjudicar la función mitocondrial y contribuir a las enfermedades neurodegenerativas.
- Control de calidad mitocondrial desregulado: Las alteraciones en los procesos que mantienen la salud mitocondrial, como la mitofagia y la autofagia, pueden contribuir a la disfunción mitocondrial y a los trastornos neurológicos.
En general, la disfunción mitocondrial se encuentra en el centro de la desregulación metabólica cerebral y puede contribuir significativamente a una serie de trastornos mentales. Identificar y abordar estas disfunciones mediante intervenciones específicas puede ser esencial para mejorar la salud cerebral.

¿Cuáles son las causas de la disfunción mitocondrial en el cerebro?
Diversos factores, como las mutaciones genéticas, el envejecimiento, las exposiciones tóxicas, las deficiencias de nutrientes, los desequilibrios hormonales, el estrés oxidativo, la inflamación y factores relacionados con el estilo de vida, como una dieta inadecuada, la falta de ejercicio y el estrés crónico, pueden causar disfunción mitocondrial en el cerebro. Como ya se ha mencionado, la desregulación mitocondrial provocada por factores externos como el alcohol, las señales inflamatorias, los neurotransmisores y las hormonas también pueden contribuir a la disfunción mitocondrial cerebral. Además, ciertos medicamentos pueden causar disfunción mitocondrial como efecto adverso. Estos factores pueden alterar la función de las mitocondrias, provocando déficits en la producción de energía, un aumento del estrés oxidativo y un deterioro de la señalización celular. Con el tiempo, esto puede conducir al daño y la muerte celular, contribuyendo a estados de enfermedad como la neurodegeneración, los trastornos metabólicos y las afecciones mentales. Identificando y abordando las causas de la disfunción mitocondrial, puede ser posible prevenir o tratar estas enfermedades y mejorar la salud general del cerebro.

Resumen
La salud mental es posiblemente la afección crónica más rampante pero incomprendida que azota a las sociedades modernas. Comprender las adaptaciones fisiológicas que conducen a los trastornos mentales es el primer paso para entenderlos e idear planes eficaces a largo plazo contra ellos. El mecanismo propuesto que vincula la salud mental con la salud mitocondrial es muy prometedor, no sólo porque explica ecuménicamente la complejidad de los trastornos psiquiátricos, sino también porque abre el apasionante potencial de la dieta y el ejercicio, los dos fármacos más potentes y accesibles que conoce la humanidad, como cura. En los dos artículos siguientes de esta serie, nos sumergimos en el papel transformador que pueden desempeñar la dieta y el ejercicio para superar los problemas de salud mental.
Este artículo se ha inspirado en el trabajo del doctor Chris Palmer. Para más información sobre metabolismo y salud mental, los lectores pueden consultar su libro, Energía cerebral.
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