Consumo de alcohol y salud en general: Las dos caras de la misma moneda

Más de la mitad de la población de América y Europa consume alcohol, y se calcula que 2 300 millones de personas son bebedores actuales. En 2019, una de cada doce personas de la Unión Europea consumía alcohol a diario. A nivel mundial, se estima que 237 millones de hombres y 46 millones de mujeres sufren trastornos por consumo de alcohol, con la mayor prevalencia entre hombres y mujeres en Europa (14,8% y 3,5%, respectivamente) y en Estados Unidos (11,5% y 5,1%, respectivamente). Cada vez está más claro que el consumo de alcohol es una preocupación mundial con repercusiones sanitarias, económicas y sociales. En este artículo se abordarán temas como el metabolismo del alcohol, su valor nutricional y las consecuencias para la salud de un consumo excesivo de alcohol a largo plazo. Por último, se abordará un fenómeno de gran importancia conocido como la paradoja del alcohol.

 

Metabolismo del alcohol

El alcohol está clasificado como droga recreativa y es un conocido depresor del sistema nervioso. De hecho, es la droga más consumida en todo el mundo. El alcohol, a veces denominado con el nombre químico de etanol, es una sustancia con propiedades productoras de dependencia que provoca los efectos característicos de la intoxicación etílica. El etanol se metaboliza principalmente en el estómago y el hígado mediante la enzima alcohol deshidrogenasa (ADH). La ADH convierte el alcohol en acetaldehído, el subproducto tóxico que contribuye a la dependencia del alcohol. Entre otros efectos, produce felicidad y euforia, disminución de la ansiedad, aumento de la sociabilidad, sedación, daño tisular y deterioro de la función inmunitaria, cognitiva, de memoria, motora y sensorial.

 

El contenido nutricional del alcohol

Las bebidas alcohólicas se componen principalmente de agua, etanol y diferentes cantidades de azúcar. En concreto, una bebida estándar contiene 12 g de alcohol puro. Esta cantidad se encuentra en 12 onzas de cerveza (5% de contenido alcohólico), 8 onzas de licor de malta (7% de contenido alcohólico), 5 onzas de vino (12% de contenido alcohólico), o 1,5 onzas de licores destilados de 80 grados (40% de contenido alcohólico) (por ejemplo, ginebra, ron, vodka, whisky). Las calorías procedentes del alcohol y el azúcar se consideran calorías vacías debido a la falta de otros nutrientes esenciales. El alcohol no sólo carece de proteínas, minerales y vitaminas, sino que además inhibe la absorción y utilización de nutrientes vitales como la tiamina, la vitamina B12ácido fólico y zinc. 

 

Repercusiones del consumo de alcohol en los parámetros de salud

El aumento del consumo de alcohol, especialmente si es crónico, se asocia al riesgo de desarrollar una amplia gama de problemas de salud, incluidos trastornos mentales y del comportamiento, como la dependencia del alcohol, importantes enfermedades no transmisibles, como la cirrosis hepática, el cáncer, la hipertensión, la cardiomiopatía, el ictus y la diabetes de tipo II, así como enfermedades infecciosas, como la neumonía, la tuberculosis y el VIH. En concreto, el porcentaje de muertes atribuibles al alcohol entre los hombres asciende a 7,7% de todas las muertes mundiales, frente a 2,6% de todas las muertes entre las mujeres. Además, el consumo de alcohol durante el embarazo puede causar el síndrome alcohólico fetal y complicaciones en el parto prematuro. Por último, pero no por ello menos importante, el consumo de alcohol a largo plazo disminuye la síntesis de proteínas, lo que reduce el desarrollo muscular y la resistencia muscular.

 

Uno de los principales tejidos que daña el consumo excesivo de alcohol es el hígado, ya que el abuso de alcohol es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad asociadas al hígado. El espectro de la hepatopatía alcohólica abarca desde la esteatosis simple hasta la esteatohepatitis alcohólica, la fibrosis progresiva y la cirrosis. La respuesta hepática más precoz y frecuente al alcohol es la acumulación excesiva de grasa (esteatosis), ya que el acetaldehído ejerce una serie de efectos sobre la regulación lipídica hepática que favorecen la esteatosis. La cantidad de alcohol consumido está muy relacionada con la gravedad de la ALD. El consumo excesivo de alcohol también puede inducir, en menor medida, el desarrollo de pancreatitis y cáncer de páncreas. 

 

No sólo la exposición crónica, sino también la aguda, a cantidades de alcohol que alcanzan la intoxicación pueden afectar negativamente a la salud, induciendo alteraciones hormonales, como niveles elevados de cortisol, que pueden perturbar la capacidad del organismo para mantener la homeostasis y regular eficazmente la respuesta al estrés. Este desequilibrio puede acabar provocando diversos trastornos debilitantes, como intolerancia al estrés, deshidratación, reducción de la cicatrización, bajos niveles de energía, deterioro de la función cognitiva, trastornos inmunitarios y reproductivos (ciclos menstruales irregulares, menopausia precoz, reducción de los niveles de testosterona), disfunción tiroidea (reducción de TSH, T3, y T4 ), etc.

 

Los efectos adversos del alcohol sobre la salud no son los mismos para todas las personas; se atribuyen principalmente a diferencias de sexo, variabilidad interindividual (genética), tipo de bebida alcohólica consumida (fermentada o destilada), cantidad (baja, moderada, alta), duración (aguda, crónica), patrones de ingesta (diaria, atracones, ocasionalmente), así como a factores socioeconómicos. Por ejemplo, las mujeres presentan una mayor sensibilidad a los efectos tóxicos del alcohol que los hombres, mostrando un metabolismo disminuido ante la misma cantidad de alcohol. 

La paradoja del alcohol

La paradoja con el alcohol es que, aunque el consumo crónico excesivo puede ser perjudicial para la salud en general, el consumo moderado de alcohol parece mejorar la respuesta inmunitaria y reducir el riesgo de desarrollar diabetes de tipo II y enfermedades cardiovasculares. El consumo moderado de alcohol se ha asociado a una disminución de los marcadores proinflamatorios, como la PCR y la IL-6, así como a un aumento de los niveles de HDL-C, una mejora de la sensibilidad a la insulina y de la homeostasis de la glucosa. Todos estos son posibles mecanismos que podrían explicar el menor riesgo de desarrollar trastornos cardiometabólicos de las personas que consumen alcohol con moderación.

¿Cuál es la frecuencia y/o la cantidad diaria/semanal de alcohol que discrimina entre el consumo moderado y el consumo excesivo de alcohol y la dependencia del alcohol?

El consumo excesivo crónico se define como el consumo de ≥ 60 g de alcohol puro para los hombres y ≥ 40 g para las mujeres, lo que corresponde a un mínimo de 15 bebidas/semana para los hombres y ocho bebidas/semana para las mujeres. El consumo moderado de alcohol se define como menos de 30 g de alcohol al día, lo que corresponde a dos bebidas estándar al día para los hombres y una bebida estándar para las mujeres, o hasta 14 bebidas/semana para los hombres y hasta 7 bebidas/semana para las mujeres. Dependencia del alcohol significa más de 25 bebidas/semana. Las bebidas alcohólicas se convierten a menudo en la principal fuente de energía de las personas con trastorno por consumo de alcohol (TCA), lo que conduce a la desnutrición. Las personas con TCA suelen presentar carencias de uno o más nutrientes esenciales, como las vitaminas A, C, D, E, folato y tiamina. La EDA también se asocia a inflamación crónica, disminución de la libido, infertilidad, atrofia gonadal, disminución del volumen, el recuento y la movilidad del semen, niveles bajos de testosterona, ciclo menstrual irregular y disfunción tiroidea. Las personas dependientes del alcohol también pueden tener dañado el microbioma intestinal y graves problemas para dormir. 

En resumen, aunque el consumo de alcohol se asocia principalmente a consecuencias adversas para la salud, una ingesta moderada de alcohol parece ejercer efectos positivos sobre la salud, especialmente en parámetros de salud cardiometabólica, como la sensibilidad a la insulina y el aumento de los niveles del colesterol bueno (HDL-C). Sin embargo, esto no significa que un individuo que no consuma alcohol deba empezar a beber para obtener estos beneficios, ya que hay otros aspectos del estilo de vida, como una dieta sana y ejercicio regular, que también pueden servir para obtener dichos beneficios para la salud.

 

      Referencias

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