El enfriamiento posterior al ejercicio es una modalidad de recuperación ampliamente aceptada. Se cree que mejora las características de recuperación subjetivas (por ejemplo, los índices de dolor muscular) y objetivas (por ejemplo, las mediciones de la inflamación muscular, la contracción voluntaria máxima y el rendimiento funcional). Este proceso, ampliamente conocido como crioterapia, es una técnica terapéutica que consiste en exponer el cuerpo a temperaturas extremadamente bajas durante un breve periodo de tiempo. Se emplea habitualmente en el ámbito del deporte, la medicina y la fisioterapia y puede realizarse de diversas formas, como la crioterapia de cuerpo entero (CBC), la inmersión en agua fría (ICF) y la crioterapia local, por ejemplo con bolsas de hielo.
La CMB consiste en exponer todo el cuerpo a temperaturas muy bajas, normalmente de -110℃ a -140℃ entre dos y cuatro minutos. Durante este proceso, el sujeto entra en una cámara especial refrigerada por nitrógeno líquido o aire frío refrigerado. Por otro lado, la CWI consiste en sumergir el cuerpo o partes del cuerpo en agua fría, normalmente a temperaturas que oscilan entre 5℃ y -15℃ durante cinco a veinte minutos. Por último, la crioterapia local puede realizarse fácilmente aplicando una compresa fría o una bolsa de hielo en una parte concreta del cuerpo.
La crioterapia se utiliza ampliamente para aliviar los síntomas de diversas enfermedades, como inflamación, dolor, espasmos musculares, hinchazón, lesiones y síntomas de uso excesivo. La idea que subyace a la crioterapia es que las bajas temperaturas actúan desencadenando una respuesta fisiológica en el organismo. En concreto, se cree que activa los mecanismos naturales de curación del cuerpo y estimula la circulación, lo que produce los beneficios para la salud antes mencionados. Aparte de sus beneficios relacionados con la recuperación, también hay pruebas de que puede reforzar el sistema inmunitario, aumentar los niveles de energía y fuerza, e incluso ayudar a perder peso.
Los beneficios de la crioterapia se deben a una combinación de mecanismos fisiológicos que se producen en respuesta a la exposición a temperaturas frías. Uno de los principales mecanismos propuestos para la crioterapia es la vasoconstricción. La exposición a temperaturas frías hace que los vasos sanguíneos del cuerpo se contraigan, reduciendo el flujo sanguíneo a la zona afectada. Esta respuesta puede ayudar a reducir la inflamación y la hinchazón y puede aliviar el dolor. Tras la vasoconstricción inicial, el cuerpo responde al frío aumentando el flujo sanguíneo a la zona afectada, un proceso conocido como vasodilatación. Como resultado, el aumento de oxígeno y nutrientes ayuda a acelerar la curación y la recuperación. Otro mecanismo propuesto de la crioterapia es la liberación aumentada de endorfinas y colágeno que se produce durante la exposición a temperaturas bajas. Las endorfinas son hormonas corporales que actúan como analgésicos naturales, reduciendo el dolor y mejorando el estado de ánimo, mientras que el colágeno es la proteína más abundante del cuerpo, que actúa favoreciendo la reparación y regeneración de los tejidos.
También se cree que la exposición a temperaturas frías activa otros dos sistemas corporales críticos que pueden estar implicados en los beneficios de la crioterapia: el sistema inmunitario y las mitocondrias. En concreto, la crioterapia puede estimular la producción de glóbulos blancos, como neutrófilos, linfocitos y células asesinas naturales (NK), que desempeñan un papel crucial en la respuesta del sistema inmunitario a la inflamación. También puede ayudar a modular la respuesta inflamatoria del organismo, reduciendo la producción de citoquinas proinflamatorias y aumentando la producción de citoquinas antiinflamatorias. En cuanto a la función mitocondrial, algunos estudios han demostrado que la crioterapia puede activar e incluso tal vez aumentar la cantidad de tejido adiposo de grasa parda, un tipo de tejido adiposo muy rico en mitocondrias. Debido a su alto contenido en mitocondrias, la grasa parda es muy activa metabólicamente y participa en la regulación del gasto energético, lo que la convierte en un objetivo potencial para la pérdida de peso. Sin embargo, la relación entre la grasa parda y la crioterapia sigue siendo un campo de investigación activo con pruebas equívocas. Por lo tanto, la crioterapia no debe utilizarse como tratamiento independiente para la pérdida de peso, y la aplicación de un déficit calórico adecuado mediante una combinación de dieta y ejercicio debe ser siempre la prioridad.
Cada uno de los mecanismos propuestos anteriormente puede dar lugar a varios beneficios que la crioterapia puede ofrecer a una persona que opta por una de sus modalidades. Los beneficios más sólidos de la crioterapia están relacionados con la recuperación. Concretamente, puede ayudar a sobrellevar mejor la fatiga y el dolor muscular de aparición retardada (DOMS), aliviar el dolor y mejorar la recuperación tras el ejercicio reduciendo la inflamación, aumentando la circulación y favoreciendo la curación y la reparación. Al atenuar el proceso inflamatorio, la crioterapia también puede ser beneficiosa para diversas enfermedades inflamatorias crónicas, como la artritis y la artritis reumatoide. Además, la liberación de endorfinas durante la crioterapia puede ayudar a combatir mejor el estrés, aumentando así el estado de ánimo y los niveles de energía durante el día. El posible efecto de la crioterapia en el tejido adiposo marrón y en la función de las mitocondrias puede mejorar la salud celular y aumentar la producción de energía celular, mejorando así la eficacia de la quema de grasas e impulsando el metabolismo. Por último, la crioterapia puede tener un efecto positivo en el rendimiento atlético, incluida la resistencia muscular y la fuerza explosiva. Sin embargo, la investigación sobre los efectos específicos de la crioterapia en el rendimiento atlético está relacionada principalmente con su potencial para acelerar la recuperación, mientras que su efecto en aspectos concretos del rendimiento aún no se ha establecido con claridad.
En resumen, la crioterapia consiste en exponer el cuerpo a temperaturas extremadamente frías durante un breve periodo de tiempo. Los beneficios de la crioterapia se deben a una combinación de respuestas fisiológicas, como la vasoconstricción, la disminución de la vasodilatación, el aumento de la producción de endorfinas y colágeno, el aumento de la circulación, la reducción de la inflamación, el aumento de la actividad mitocondrial, la mejora de la reparación de los tejidos y la mejora de la función inmunitaria. Estos mecanismos actúan conjuntamente para reducir el dolor y la inflamación y favorecer la curación y la recuperación.
Fuentes científicas
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